Pero si algo he aprendido, es que todo cuenta. El más mínimo cambio en la cosa más insignificante puede cambiar nuestra vida por completo.
¿Dónde estaría ahora si hubiera aprobado aquel horrible examen de valenciano que me hizo repetir curso, y que ahora me encantaría volver a hacer?
¿Que pasaría si no hubiera superado la prueba de agilidad que tanto me preparé? ¿Y si no pensara, que como en casa no se está en ningún sitio, y hubiera partido en aquel maldito viaje?
¿Y si hubiera copiado en el examen de anatomía y la hubiera aprobado...?
Todos tenemos preguntas de estas en las que si nos paramos a pensar un poquito, podemos darnos cuenta de si llevamos nuestra vida bien encauzada y por donde queremos.
Todas las personas que nos rodean están ahí porque nosotros en algún momento del camino las elegimos, no importa la edad, ni el género. No importa que parezca imposible que os podáis cruzar en algún momento de vuestras vidas, o que ella sea de donde sale el sol y tú de de donde viene a morir. ¿Por qué yo? ¿Por qué esa persona?
-Siempre me gustaron las chicas con sabor a manzana, pero ella sabe a fresa. ¿Por qué me gustas?
A los dos nos sobran los motivos.
Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron, y más de un bofetón.

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