Como aquella mujer del marinero que se embarcaba sin saber cuanto tiempo iba a estar sin verle, o sin saber siquiera si volvería a verle.
Una y otra vez volvía al puerto, día tras día, esperando ver a lo lejos el humo de aquel transatlántico que le traería de nuevo.
Ella no perdía la Fe, sabía que algún día él volvería, y sabía que seguramente él está pensando en ella, en aquel momento del día, en aquel lugar donde sin querer admitirlo se conocieron, donde ella se enamoró de él.
Pasó el tiempo, y ahora ella tiene miedo de rehacer su vida, por si en algún momento inesperado él volviese. Solo procura no pensar en ello...

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