Miras el reloj, sientes que llegas tarde. Ya no recuerdas cuando fue la última vez que llegaste puntual, y mucho menos si alguna vez llegaste antes de tiempo.
Necesitas un respiro, te falta el aire, no te da tiempo a pensar, ni en tu futuro, ni en tu pasado, ni en tu presente. Te sientes esclavo de la sociedad. ¿Cuándo tendré un ratito para mi? Haces las cosas por rutina, sin pensarlas, como cuando voy a aquella fuente tras hacer ejercicio, si ya la quitaron; como cuando voy a aquel rincón donde habían escritas cosas para mi, ya nadie escribe, ni siquiera yo.
Algunos dicen que es bueno no pensar, de ese modo no piensas en los problemas que tienes, pero hay que parar un poco, dejar el reloj de lado, hacerle caso omiso, y pensar, pensar si lo que estás haciendo está bien o mal. Y es entonces cuando te das cuenta de los pequeños fallitos que cometemos, pero también te das cuenta de cosas mucho más importantes, importantes para ti claro, te das cuenta de que estás donde quieres estar, haciendo lo que quieres hacer, y sobretodo con la persona que siempre habías querido.
Miras por un instante con el rabillo del ojo hacia el pasado, y te das cuenta de que esto empezó antes, mucho antes de conocernos. Es impresionante como de aquel montón de nudos y cabos sueltos se han ido uniendo hilitos, hilo tras hilo, sin saber por qué, sin entenderlo pero aceptándolo.
El tiempo es el mejor detective, él se dará cuenta de todo y nos pondrá a cada uno en nuestro lugar, aunque yo creo que voy bien encaminado...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar